Fukushima; segundo aniversario entre el caos y las mentiras.

A dos años de que se iniciara el percance nuclear en Fukushima Japón, la situación en la central continúa siendo extremadamente delicada, caótica y representa un desastre planetario en potencia.

Según algunas estimaciones, el 8 % del territorio japonés ha sido contaminado por Cesio 137, superficie que equivale al territorio de Bélgica. Las poblaciones afectadas por las emisiones de radiación siguen sin recibir un tratamiento adecuado y las indemnizaciones ofrecidas por el gobierno japonés no compensan los traumas sufridos por la perdida de sus bienes y de sus fuentes de empleo. La contingencia humanitaria que viven las comunidades afectadas, es menospreciada por los funcionarios de Tepco y del gobierno, a pesar de los llamados de alerta de especialistas para que la población sea protegida. Alrededor de 100 000 habitantes fueron relocalizados dentro del mismo departamento de Fukushima y alrededor de 60 000 habitantes migraron a regiones más alejadas de Japón, pero el estigma de los “Hibakusha” (sobrevivientes de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki) hace que exista una “radio-discriminación” hacia las personas contaminadas de la región de Fukushima. Los habitantes que permanecieron en sus poblados a pesar del riesgo, viven bajo un alto nivel de estrés ante la posibilidad de contaminarse y de que sus productos sean rechazados o destruidos por los controles radiológicos.
Según reportes de las organizaciones que monitorean la situación y del propio gobierno japonés, las emisiones de radiación tóxica al medioambiente y los derrames de agua súper radioactiva aún persisten. Informes del Ministerio de la Agricultura, la Pesca y del Medio Ambiente de Japón, indican que los niveles de contaminación no han disminuido desde que se inició el accidente. TEPCO informó que peces capturados en enero de este año cerca de la central, presentaron contaminación de hasta 254 000 becquereles por kilo, cuando el límite máximo para consumo es de 100 becquereles por kilo. Estas pruebas, hacen suponer a los científicos, que aún existe una importante filtración de radiación hacia el mar que no puede ser controlada o peor aún, que Tepco continúa derramando deliberadamente agua radioactiva.
El pasado mes noviembre de 2012 el diario “The Japan Times” reportó que se encontraron elevadas concentraciones de contaminación por Cesio 137, en el lodo del lago Kasumigaura, ubicado a tan solo 60 kilómetros de Tokio. Las muestras arrojaron 5 200 becquereles por kilo de lodo, cuando los límites aceptables son de 100 becquereles por kilo. El Cesio 137 es un isótopo radioactivo producido por la fusión de las barras de uranio de los reactores en Fukushima. El Cesio es soluble en agua y sumamente tóxico en cantidades ínfimas. Una vez liberado al medio ambiente, está presente durante alrededor de 30 años. Puede causar cáncer 10, 20 o 30 años a partir del momento de la ingestión, inhalación o absorción.
Las corrientes de los océanos y los vientos arrastran los elementos radioactivos que son liberados cotidianamente en Fukushima dado que Tepco no ha logrado el confinamiento de las instalaciones de la central. Muestras de agua de mar que fueron recolectadas por el “Woods Hole Oceanographic Institution” (WHOI) a unos 300 kilómetros de las costas de Japón, arrojaron hasta 3 900 becquereles por metro cúbico; un nivel extremadamente elevado dado que el agua de mar contiene de forma natural solo alrededor de 4 becquereles por metro cúbico. Según el (WHOI), las partículas de cesio 137, transportadas por las corrientes marinas dentro del plancton y de pequeños crustáceos, pronto servirán de alimento a la fauna marina de las costas de Alaska, los Estados Unidos y México, poniendo en riesgo la actividad pesquera en esos litorales.
El saldo de lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima es enorme: siete explosiones por acumulación de hidrógeno, fusión de los núcleos de tres reactores, escape masivo al medio ambiente de elementos radioactivos, perdida de hermeticidad en tres reactores, destrucción de los sistemas de enfriamiento y daños graves en las piscinas de almacenamiento de combustible nuclear usado. Tanto este accidente, como el que ocurrió en Chernobil en 1986, han sido catalogados de nivel 7, el más alto en la escala INES (International Nuclear Event Scale), utilizada para medir los daños ocasionados por esta industria. Fukushima apenas lleva dos años, pero las repercusiones del accidente en la planta de Chernobil Ucrania aún persisten; en ese lugar se continúan realizando labores de contención. La comunidad europea financió recientemente parte de los 2 000 millones de dólares, necesarios en la construcción de un tercer sarcófago metálico para tratar de remediar definitivamente las emisiones de radiación, y eso que ya han pasado 27 años de aquel fatídico acontecimiento.
Después de examinar detalladamente lo ocurrido en Fukushima, lo más perturbador en el asunto, es reconocer que el origen del desastre, fue la simple ausencia de enfriamiento. Es decir, que no fue el gran sismo lo que destruyó directamente los edificios, ni tampoco fue el colosal tsunami lo que devastó los reactores. El desastre resulto de la combinación de factores externos que dejaron sin sistema de enfriamiento a la central. Con el desastre japonés, ahora sabemos que cualquier reactor nuclear de los 436 que existen en el mundo, puede explotar por si solo… si se deja de enfriar.
Como en Fukushima, la falta de enfriamiento también fue factor determinante en el incidente de la central nuclear de Bugey en Francia, en 1984. El reactor número 5, estuvo a punto de explotar debido al mismo problema: la pérdida de electricidad externa y fallo momentáneo de los generadores de emergencia, y eso que a diferencia de Fukushima, en Bugey no hubo ni sismo, ni Tsunami. Un reporte del Instituto de Protección y de la seguridad Nuclear, revelaría tiempo después, que Francia pasó a pocos milímetros de un holocausto nuclear tipo Chernobil.
Así mismo, desperfectos en el sistema de enfriamiento fueron los que provocaron el accidente en la planta de Three Mille Island.
Pero el 11 de marzo de 2011 las cosas fueron peores: un sismo colapsó la red de distribución eléctrica de Japón, dejando sin energía externa la central de Fukushima, lo que provocó la parada de los reactores y la activación de los sistemas de emergencia, lo que permitió controlar la situación, pero no por mucho tiempo. 40 Minutos después, un Tsunami  de 14 metros, inundó los motores y las bombas de emergencia que sirven para enfriar los reactores en caso de corte eléctrico. En un instante todo se detuvo, ni una gota de agua podía circular para enfriar las barras de uranio; el calor residual de los núcleos de los reactores no podía ser evacuado; el terror y el pánico se apodero rápidamente de todo el personal. Los operadores sabían pertinentemente, que sin los circuitos de enfriamiento era mejor huir. Hasta ese momento, los edificios de la central estaban intactos, a pesar del sismo y del tsunami.
Solo fue cuestión de tiempo para que se desencadenara la destrucción en la central: el agua de enfriamiento se evaporó dentro de las vasijas de los reactores por el calor residual y dejó descubiertas las barras de uranio, estas a su vez se derritieron junto con su recubrimiento de zirconio y dieron nacimiento, como en Chernobil y Three Mille Island, al más temido monstruo de la industria nuclear: el “Curio”, una masa incandescente e incontrolable semejante al magma capaz de alcanzar los 3 200 grados centígrados.
Paulatinamente, el vapor de agua al entrar en contacto con el zirconio del recubrimiento de las barras, reaccionó y produjo el hidrogeno que fue acumulándose dentro de los edificios de los reactores. Esa acumulación provocó las grandes explosiones de hidrógeno que fueron vistas por televisión los días 12, 13 y 14 de marzo de 2011; el mundo contempló en directo, como era liberada al ambiente, una colosal cantidad de elementos súper radioactivos y tóxicos.
Por su parte, el Curio incandescente descendió al fondo del recinto, devorando todo a su paso, creando incendios y más emanaciones de vapor y gases radioactivos. Algunos especialistas suponen que escapó de las barreras de contención y se encuentra “libre” en el subsuelo contaminando el manto freático, pero se ignora a que profundidad, dado que nada puede contener al Curio; su temperatura de fusión es mucho más alta que la de los materiales más resistentes, como el cobre (1 082°C), o el ladrillo refractario (1 650 °C). Es por ello, que el Curio funde todo a su paso, tanto el concreto como al acero. De ahí el origen del famoso nombre de “síndrome de China”, ya que se especula, puede abrirse paso a grandes profundidades. El Curio de Three Mille Island tardó 10 años en ser recuperado.
Además, el Curio emite tal cantidad de radioactividad que no es posible acercase a él. La radiación es letal para el ser humano. Tampoco es posible acercarse con robots ya que sus circuitos son rápidamente degradados por la radiación. Solo queda esperar a que se enfríe, proceso que puede tomar varios años. Aún ahora, a dos años del percance, la compañía Tepco solo puede “suponer” el estado y la ubicación del Curio que se formó en tres reactores, pero no lo puede determinar con exactitud.
Las acciones para estabilizar la situación en Fukushima son interminables, pero a grandes rasgos se trata: primero, restablecer los circuitos de enfriamiento y descontaminar el agua radioactiva; segundo, la limpieza del sitio y el retiro de los escombros para acceder a los reactores; tercero, el confinamiento de los edificios por medio de muros para evitar escapes de radiación; cuarto, la construcción de grandes estructuras de izaje para las maniobras de extracción del combustible; quinto, extraer las 500 toneladas de barras de uranio usado alojadas en las piscinas y colocarlas en lugar seguro; sexto, la extracción o confinamiento de las 250 toneladas de Curio que se derritieron en los núcleos de los reactores 1, 2 y 3; séptimo, la construcción de diques de protección anti-tsunamis; y finalmente octavo, el desmantelamiento y cierre de la central cuyas estructuras se encuentran fuertemente contaminadas de radioactividad. Algunos especialistas afirman que en el mejor de los casos, las tareas pueden tardar 40 años.
Dentro de las operaciones más urgentes a realizar en el sitio se encuentra el retiro de las 256 toneladas de uranio de la piscina del reactor número 4, cuya estructura fue dañada por el sismo y por las explosiones, la piscina se encuentra a unos 30 metros de altura dentro del devastado edificio. Varios expertos internacionales están muy preocupados por esa piscina y han señalado reiteradamente, que de ocurrir otro sismo de gran magnitud, sus muros podrían fracturarse, provocando el vaciado del agua de enfriamiento y la exposición a la intemperie del combustible nuclear. Para retirar las barras de la piscina, Tepco ya está construyendo una colosal estructura de acero a un costado del reactor 4, que lo va a sobrepasar en altura y que permitirá anclarle un gigantesco volado metálico que pase por encima de lo que queda del reactor para crear un puente que permita acceder desde las alturas hacia el interior, esta operación puede tomar unos 2 años.
Hasta ahora, Tepco ha logrado colocar barreras provisionales anti-tsunamis, recubrir el edificio del reactor 1, descontaminar y remover una parte de los escombros y estabilizar la temperatura de los reactores y de las piscinas. Sin embargo, se ha creado otro grave problema: la creciente acumulación de una gigantesca cantidad de agua radioactiva que se encuentra a la intemperie.
Para asegurar las labores dentro de la central de Fukushima es necesaria la presencia de al menos 3 500 trabajadores diariamente, sin embargo no pueden permanecer de manera indefinida debido a que existen normas que limitan la exposición a la radiación. Según el portal de la Autoridad de la Seguridad Nuclear de Francia, ya han pasado alrededor de 25 mil empleados por la central de Fukushima. El ministerio del Trabajo de Japón ha denunciado que en un 45% de los contratos se violan los derechos laborales, no se pagan las primas de riesgo y no son aplicadas adecuadamente  las medidas de radio-protección. Tepco ha sido acusada de intentar evadir su responsabilidad, instaurado un opaco sistema de subcontratistas que le permite evitar los costos de la seguridad de los operarios.
A pesar de la gravedad del accidente y de las enormes repercusiones sobre las poblaciones cercanas y al medio ambiente del planeta, el presidente japonés Shinzo Abe, pretende continuar impulsando el uso de esta energía.
Es difícil imaginar como una empresa que se encuentra al borde de la quiebra financiera, en un país que tiene una deuda del 220 % de su PIB, logre enfrentar de forma correcta tan grave desafío. La central nuclear de Fukushima debió ser requisada por el gobierno japonés desde que se inició el desastre y por su parte la compañía Tepco debió ser nacionalizada o sometida bajo la tutela de organismos internacionales que auditen y vigilen los trabajos de desmantelamiento del sitio. Dada la amplitud de las zonas que serán afectadas por la radiación, resolver el desastre en Fukushima se ha vuelto una cuestión de interés público internacional, sin embargo, toda la responsabilidad sigue en manos de una siniestra empresa privada, que ha demostrado realizar prácticas perversas hacia sus trabajadores, el medio ambiente y la población local.
Para concluir resta hacer una pregunta: ¿Que empresa podría invertir durante 40 años en el negocio más costoso y más riesgoso del mundo, sin recibir un solo centavo de ganancia y no quebrar?


Edgar OCAMPO, 1 marzo 2013

Las simulaciones del desplazamiento de la radiación se pueden en los vínculos siguientes: